La puerta comenzó
abrirse, el corazón le latía tan fuerte que parecía tenerlo fuera del cuerpo;
de pronto no podía respirar, se estaba ahogando; utilizó toda la energía que le
quedaba para tratar de levantarse, de romper las ataduras que la tenían
postrada en la camilla.
Por fin, abrió los ojos y
sacó la cabeza del agua de la bañera.
Otra vez esa horrible pesadilla
que la acompañaba había vuelto a repetirse, solo que esta vez había alguien en
la habitación de al lado, cuya voz no le era del todo desconocida.
Palmira había borrado
aquel fatídico día de su mente, o eso creía ella. Había acudido a multitud de
terapias y especialistas para sobreponerse. Sin embargo ese maldito sueño
seguía ahí.
Una vez hubiera tomado
posesión de su nueva responsabilidad tenía previsto visitar al Dr. Weiss para
que, a través de la hipnosis regresiva, la ayudara a cerrar ese capítulo de su
pasado que tanto sufrimiento le estaba provocando.
Su tutor, Isaac Caelum, un
hermano de su padre por quien sentía debilidad, desconfiaba de aquellos que
utilizaban la hipnosis como terapia por
lo que ella no había explorado antes esta vía.
Ahora, con la muerte de
Isaac, estaba firmemente decidida a hacerlo.
Él había sido quien se había
ocupado de ella y no solo en lo referente a las cosas materiales, también le había
procuraba todo el amor que sus padres parecían negarle.
A pesar de haber tenido
todo cuanto deseara, Palmira había acusado tremendamente la ausencia de sus
padres, con los que mantenía contacto esporadicamente a través de las cartas
que éstos le enviaban.
Ella no había sentido su presencia,
su calor, sus besos y abrazos, ni siquiera, sus consejos cuando entró en la
adolescencia y se sentía tan perdida.
Estaba ensimismada en sus
pensamientos cuando se percató del lugar donde se encontraba.
Andrea le había llevado
al Palazzo, que ya le anunciara su padre, y le había dicho que estuviera lista
a las 20:30 para la recepción que se celebraba en su honor.
¡Andrea! No podía olvidar
esos ojos azules que, cada vez que la miraban, la sobrecogían.
Hacía mucho tiempo que no
se sentía así, tal vez porque también hacía mucho tiempo que nadie la había
mirado así.
Tenía debilidad por los
hombres morenos con ojos claros y si, además tenían ese desparpajo natural,
eso la inquietaba sobremanera.
A pesar de conocer su
tremendo atractivo personal, Palmira no se manejaba bien en las distancias
cortas, sobre todo con los hombres pero, en este caso, se había propuesto
mantener la situación bajo control.
¡Tengo que darme prisa o
no llegaré a tiempo!
Abrió el enorme armario
que había en su habitación, y se quedó boquiabierta; había preciosos vestidos y
joyas bellísimas, por lo que no le resultó fácil elegir.
El baño, finalmente, la había
relajado y estaba impaciente por conocer a las personas que, a partir de ese
momento, iban a formar parte de su nueva vida.
De repente, encontró sobre
una mesita una carta con su nombre y reconoció inmediatamente la letra de su
madre.
Toc, toc,
- Srta. Palmira,
el AMO la espera.
By Trexa
Trexa |
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