28 de febrero de 2017

Capítulo 48

Desde aquel día lluvioso en el que su madre falleció, Martin no pudo parar de pensar en todo lo que le había contado. Sabía que sus padres adoptivos habían guardado muy bien el secreto. En ese instante su vida se desmoronó como un castillo en la orilla de la playa, derribado por las olas.

Necesitaba conocer la verdad, pero ya era complicado al haber fallecido Isaac. Pensó que la solución pasaba por hablar con Razzi, la madre de Palmira que también lo era suya. Estaba convencido que nunca le iba a reconocer como su hijo, y menos viviendo todavía su marido ¿Qué haría si lo negara? ¿Cómo podría rebatir cualquier argumento? No quería nada económico, simplemente el saber que siempre estuvo en su mente y que le había echado de menos.

Finalmente contactó con uno de los mejores investigadores privados de Estados Unidos. Le contó lo poco que sabía de sus orígenes; la forma en la que una joven se quedó embarazada del que sería su cuñado y como éste arregló todo para que ella estudiara en el extranjero, ocultando así su estado de gestación. También la gestión del papeleo irregular y de esa manera, la que hasta ese momento había sido su madre, fuera a buscarle y le trajera con toda la documentación en regla.

Le comentaron que al haber pasado tantos años no iba a ser sencillo, pero que se pondrían inmediatamente con el proceso de investigación. Una vez que tuvieran algún resultado contactarían nuevamente con él.

Pasadas unas semanas recibió, en su loft de la planta 50, una llamada. Habían descubierto varios temas de la familia Caelum. Entre otros  los  problemas de gestación de Razzi tras su parto;  relaciones del clan con el Dr. Wayne J. Weiss. Y sobre todo, y más importante, se le incriminaba de la muerte en un accidente en Praga de una mujer llamada Elena.

Martin se quedó pálido, sujetando el auricular con todas sus fuerzas. El corazón le palpitaba a toda velocidad. No conocía a ninguna Elena y nunca había estado en esa ciudad. Pero ¿Quién quería imputarle un delito?  ¿Sería por un tema económico, al  tener derecho a parte de la herencia Caelum?  ¿Querría su propia madre biológica hacerle desaparecer?  ¿Sería Levy, su marido, el descubridor de aquel error de juventud, que no quería ver manchado su apellido?  Miles de preguntas se le pasaron en una décima de segundo por su cabeza.  El investigador privado, tras unos segundos de silencio que se hicieron eternos, le comentó que al día siguiente tomaría un vuelo a primera hora con destino a Chicago. Allí le presentaría pruebas de todo lo obtenido. Quedarían en el Museo Field de Historia Natural, ya que temía que en su despacho hubiera micrófonos ocultos.

Esa noche Martin se acostó muy tarde. No paraba de pensar y no conseguía conciliar el sueño. Miles de interrogantes iban pasando uno a uno por su mente. Nombres del pasado y del presente se amontonaban como reses que van al matadero, obligadas a pasar de una en una. Buscaba alguna explicación racional a la conversación telefónica. Tras dos horas en la cama dando vueltas, se levantó y tomó una pastilla para dormir. A lo lejos, entre los estados de Indiana, Wisconsin y Michigan, el sol comenzaba a aparecer. Parecía el preludio de una nueva vida.

Habían quedado en un lugar lleno de turistas. Martin se iba a dirigir al museo, donde tantas horas pasó de pequeño y le provocaron sus ganas de ser gemólogo.  Le encantaba la Galería de Jade, con todo tipo de objetos encontrados en las excavaciones. También  la de las gemas, con infinidad de diamantes y piedras preciosas del todo el mundo.


Cogió su automóvil camino al 1400 S. Lake Shore Drive. A la altura del Millennium observó por el espejo retrovisor como un coche negro, con cristales tintados, le iba siguiendo. Paró en un semáforo a la altura de la Fuente Buckingham y un hombre con gafas oscuras descendió de ese automóvil. El bajó la ventanilla y aquel desconocido le preguntó la ruta más rápida para ir al Planetario. Escuchó como un golpe en la chapa, pero no le dio importancia. El vehículo, que aparentemente le perseguía, se desvió por la primera calle a la derecha. No había  seguido sus indicaciones.  Tres minutos después tuvo un presentimiento. Fue consciente por un segundo que iba a morir y no conocería todos esos secretos que el investigador había descubierto. Su coche saltó por los aires en una explosión rompiendo las ventanas de los edificios y de algunos vehículos que estaban circulando junto a él. Minutos más tarde la policía acordonó la zona y los bomberos apagaron las llamaradas. No había nada que hacer, el ocupante del vehículo estaba totalmente calcinado. Martin había muerto. 

By Vestigium
Vestigium

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