13 de febrero de 2017

Capíitulo 33

Al final de la regresión, Palmira se sentía muy cansada, tenía  un fuerte dolor de cabeza, mucho frío, e incluso una gran tristeza.

Sabía que a través de esta terapia poco a poco descubriría su rol en la sociedad de tiempos remotos y se enfrentaría de mejor forma a determinadas situaciones del presente.

Conocer el patrón de aprendizaje que se había fijado a lo largo de su existencia, traería  a la superficie su misión en esta vida, y a la vez podría comprender el porqué de muchos  de los conflictos a los que se estaba enfrentando.

Las secuelas que estaba soportando en este instante, tras la terapia, eran necesarias si quería ir atando cabos y entender el porqué de lo sucedido hasta ahora. ¿Por qué mataron a Daniel?, ¿Por qué estaba en peligro?, ¿Por qué al viajar a su vida pasada descubre que ella fue Lucas, hijo del único heredero de la dinastía de los Celícolas?, ¿Por qué su madre era una traidora? Y lo más sorprendente, ¿tenía una hermana? Mucha información y muchos datos como para obtener respuestas claras en estos momentos. Decidió darse un respiro, tomar un baño relajante  y prepararse para volver a Venecia. Ya decidiría como afrontar todo lo que tenía encima.

Al mismo tiempo, pero en otro lugar, Máximo decide que las cosas no pueden quedar así. La echaba mucho de menos y cada vez tenía más claro que todo el esfuerzo dedicado a conquistarla no respondía simplemente a la misión de protegerla.

Isaac ya le advirtió que los Caelum siempre habían tenido protectores, y que esa era su tarea, la de salvaguardar a Palmira, no la de enamorarse de ella, cosa que finalmente no pudo evitar.

Decidido se dirige a casa de Macarena para preguntarle donde podría encontrar a Palmira. Y aunque reticente al principio, le facilita la dirección de su actual residencia y su número de teléfono. A primera hora de la mañana cogió un vuelo hacia Venecia. Estaba convencido de contarle la verdad a Palmira y de, si no se le complicaban las cosas, volver a conquistarla.

Una vez en el aeropuerto de Venecia, cogió un taxi y se dirigió a casa de Palmira. Comenzó a sentir algo de dudas y cierto miedo. Quizá no era buena idea presentarse así, sin avisar.

Tocó al timbre, y una voz femenina que no le resultaba nada familiar, respondió: 

¿Sí?, ¿Quién es?

-         ¿Palmira?... ¿eres tú?
-          Si, ¿quién eres?
Máximo dudó que fuera Palmira, pero contestó:
-          ¡Soy Máximo!, ¿me abres para que suba o bajas tú?
-          Lo siento, no conozco a ningún Máximo.
Máximo no entendía qué estaba ocurriendo, sabía que esa mujer no era Palmira y decide pedir disculpas por tratarse quizá de una confusión.

La supuesta Palmira sabía perfectamente quien era Máximo y decidió informar de la situación.

Por su parte, Máximo llama a Palmira sin éxito de respuesta ya que ésta se disponía a volver de Manhattan.

Una vez en Venecia y de camino a casa, Palmira que casi en un par de días no había hecho caso a su teléfono, recibe una sorprendente llamada de los carabinieri, tenía que acudir al depósito reconocer un a cadáver.

-          Hemos encontrado un cuerpo con su dirección y su teléfono anotados en un papel.
-          ¿Cómo?, ¿un cadáver?, ¿mi dirección?, Palmira pensó, ¿qué más me puede pasar?, ¡voy a volverme loca!
-          Acompáñeme por favor, pase por aquí. ¿Reconoce a este hombre?
-          ¡Dios mío!, ¡Máximo!

By Vera Lú
Vera Lú

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